Era el 6 de septiembre de 1992. Un joven jugador formado en la cantera del
FC Barcelona hacía su debut en la Primera División Española tras haber
adquirido experiencia tanto en el Barcelona B (por ese entonces en la tercera
división) como en el Figueres, un club de la segunda categoría del fútbol
ibérico. Ese joven, que había compartido vestuario con jugadores de la talla de
Guillermo Amor y Carles Busquets
actuando para el filial blaugrana, vestía para ese momento por primera
vez la camiseta del Celta de Vigo. El escenario era el mítico Riazor, hogar de
un Deportivo de la Coruña que siempre animaba los torneos en los que
participaba.
Aquel centrocampista defensivo, nacido en Bellcaire d’Empordà, no encontró
la gloria como jugador. Jugó tres años con el Celta, y después jugó en clubes
de la segunda división hasta su retiro en el 2002. Seguramente ni él se imaginó
en lo que se convertiría, en un ídolo afuera de las canchas. ¿Quién diría que
se convertiría en uno de los hombres más queridos del fútbol? ¿Quién diría que
él sería la voz de la conciencia del técnico del mejor equipo de la última
década en el mundo? ¿Quién habría imaginado que como técnico ganaría una Liga
con 100 puntos? Es que desde que volvió al club de sus amores, empezó a
reescribir la historia. Fue él quien tuvo a su cargo toda la formación juvenil
de los ídolos de hoy en día, como Lionel Messi, Andrés Iniesta, y Gerard Piqué,
entre otros. Ese solamente fue su primer paso hacia la leyenda, porque como
ustedes saben, lo demás es historia.
El éxito del Barcelona del siglo XXI no lo construyó solamente Pep
Guardiola. Detrás de él estaba un hombre al que él le consultaba absolutamente
todas sus decisiones. Era su amigo, su consejero, su compañero, y sobre todo el
arquitecto que le ayudó a construir esa máquina de magia y buen fútbol que
cautivó al mundo. Fue aquel heredero en el que Pep pudo dejar su legado,
confiando ciegamente que el éxito seguiría. Y claro que fue así. Tito Vilanova
logró un sólo título, que bastó para que el Barcelona lograra un nuevo récord.
Bajo su mando, el equipo culé se coronó campeón de la Liga BBVA con 100 puntos,
algo que nadie más logró hacer (ni siquiera el mismo Guardiola) desde el
banquillo blaugrana.
Se fue convirtiendo en un ídolo, ya no sólo del Barcelonismo, sino del
mundo del fútbol, y más cuando se le detectó un cáncer en la glándula parótida
en medio de ese histórico título que consiguió. Aún en los momentos de
adversidad, y sobre todo una adversidad tan grande, se mostró como un hombre
sereno y tranquilo. A pesar de la terrible enfermedad que padeció, se entregó
en alma, vida y corazón a su trabajo como entrenador del club del que siempre
fue hincha y que lo vio nacer. Su fortaleza física y mental fue determinante
para motivar a sus jugadores, que ya venían de un ciclo en el que ganaron
absolutamente todo, y en el que ya había un desgaste. Su amor por el Barcelona
siempre fue a prueba de todo, hasta al mismo cáncer maldito que tanto lo
aquejó.
Pero a veces el cuerpo no puede ejercer tantas cosas al tiempo. Orgulloso
por su labor, dejó el banquillo del Barcelona por la puerta grande, al entender
que no podía seguir dirigiendo el club de sus amores por el estado de su
enfermedad. En un acto de gallardía pura, renunció para dedicarse de lleno a su
tratamiento. Eso sí, siempre se mostró optimista y confiado en su recuperación,
porque así son los grandes. Así son los hombres fuertes. Desde que el Tata
Martino asumió en Barcelona se supo realmente poco de él, aunque el club
catalán siempre estuvo pendiente de sus pasos y de su recuperación.
Hoy, tras casi tres años de dolencias, el enorme Francesc Vilanova i Bayó
perdió finalmente esa batalla contra esa enfermedad absurda e injusta. Tenía
tan sólo 45 años, de los cuáles le dedicó 22 al fútbol y 5 a construir uno de
los mejores equipos de la historia. Hoy todos estamos de luto. Porque se nos
fue un grande, un sinónimo de coraje y de fuerza, un ícono de lucha y un ídolo
del fútbol. Hoy no hay palabras para describir el dolor que sentimos todos los
que amamos éste deporte.
Dicen que el legado de las personas es mucho más fuerte que su presencia.
Las personas seguirán pasando, generación tras generación, pero el recuerdo
siempre quedará. El fútbol hoy perdió a uno de sus hombres más grandes y más
queridos. En el cielo está ya, junto a Manolo y Luis, dirigiendo desde arriba.
Siempre te recordaremos Tito, eres un gigante entre los gigantes y siempre
estarás en nuestros corazones. No sólo de los hinchas blaugranas. Estás en el
corazón de absolutamente todos nosotros, y de ahí no saldrás.
MUCHAS GRACIAS TITO! DESCANSA EN PAZ!
Por: Sergio A. Pulgarín P / @pulgacho18



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