El fútbol se
ha caracterizado siempre por ser polémico, por mover gente y transformarla para
bien o para mal, hace que lleguemos hasta nuestro estado bestial más
grande y logra que sus aficionados pierdan la tolerancia; pero aun así
paraliza a una gran cantidad de gente. Es un gran espectáculo que hace estragos
en la mente de niños, adultos y hasta políticos, y es de eso de lo que quiero
hablar en este escrito, de la influencia política en el fútbol y de
cómo ciertos regímenes interfirieron en el fútbol generando sucesos
inolvidables e impactantes.
Quiero empezar haciendo referencia al fútbol europeo, donde el fascismo fue
predominante. El origen fue en Italia, país en donde nace el movimiento
fascista y en el cual Benito Mussolini usó el fútbol como una
herramienta de unidad nacional e imagen positiva internacionalmente. El
Duce, como era conocido Mussolini, dejo parte de su legado en el equipo del
cuál era hincha: el SS Lazio. En éste club, hasta hace unos años, trataban de
no contratar jugadores de color ni jugadores judíos y sus tifosi son famosos por su racismo y antisemitismo. Uno de los
jugadores de la historia reciente del club, Paolo di Canio, llevaba tatuados
emblemas fascistas y hacía el saludo fascista cada vez que anotaba.
Mussolini creó la Serie A como la primera liga nacional en Italia en 1929.
Después que se disputó la primera Copa del Mundo en Uruguay (1930), el
dictador hizo una propuesta que la FIFA no pudo rechazar. Dicha propuesta
consistía en que la Copa del Mundo de 1934 se celebrara en Italia. Era fundamental
que Italia ganara esta copa para otorgarle credibilidad al régimen, por lo que el
propio Mussolini invitó a un árbitro sueco a pitar la semifinal entre Italia y
Austria. En ese partido ese árbitro permitió a los italianos empujar al portero
austriaco a tres metros de distancia de su red. El juez concedió el gol sin
chistar. Obviamente, Mussolini escogió el mismo árbitro para pitar la
final, en la que se enfrentaban Italia y Checoslovaquia. De nuevo, el árbitro
influyó en el resultado con una mano
ilegal de un jugador italiano incluida en una jugada de gol. Así, Italia ganó
su primer título mundial.
Cuatro años
más tarde, en el mundial de Francia 1938, los regímenes fascistas necesitaban
ganar por razones políticas, en un marco de guerra inminente. Italia este año llegó a la final nuevamente,
entonces Mussolini envió un telegrama al equipo italiano de la Copa del Mundo
diciendo: “¡Vencer o morir!” Éste era en realidad un lema fascista estándar,
que de todas formas se podría hacer realidad en caso que la selección Italiana
perdiera. Cuando Hungría perdió 4-2 ante Italia en la final, el portero
húngaro, Antal Szabo, expresó su alivio con la siguiente excusa: “Con los
cuatro goles que me hicieron, le salvé la vida a once seres humanos”.
En Alemania paso algo parecido, pero con los Juegos Olímpicos que se
organizaron en Berlín en 1936, pues Mussolini le comunico a Hitler sobre la
influencia de los deportes en la propaganda política. Estos Juegos Olímpicos se
los quitaron a Londres que era el principal candidato a quedarse con ellos.
Obviamente la mayoría de las medallas se quedaron en deportistas alemanes.
El mensaje de Mussolini también sería transmitido al general Franco en
España, quien sabía y era consciente que Cataluña era el núcleo de la
resistencia republicana y que el FC Barcelona, era el corazón de Cataluña. En
consecuencia, al mes del comienzo de la guerra civil, las tropas franquistas
asesinaron al presidente del Barcelona Josep Sunyol i Garriga, fusilándolo en
la sierra de Guadarrama en agosto de 1936 (por cierto su cadáver
sigue siendo buscado el día de hoy). Posteriormente en 1938, los aviones franquistas
bombardearon la sede del FC Barcelona. Una vez ganada la guerra, Franco
prohibió la bandera y el idioma catalán. Inicialmente el equipo del régimen
franquista fue el Atlético Aviación (posteriormente de Madrid) ya que era
el equipo del ejército y de un nido de adictos al régimen, pero años más tarde
Franco quería hacerse de un equipo con más prestigio lo que hizo que se
posesionara del Real Madrid e hiciera todo lo posible para hacer de este equipo
un rival católico y conservador, volviendo esta rivalidad del FC Barcelona
mucho más seria. Franco intervino personalmente en el mercado de pases
para garantizar que el gran Alfredo Di Stefano fichara por el Real Madrid.
Otro escalofriante ejemplo fue el del partido de la muerte en Alemania. La
popular frase del fútbol que dice “Hay partidos que se juegan a vida
o muerte” tiene quizás el ejemplo más fiel en el partido que enfrentó al FC
Start, que contaba con 8 jugadores del Dynamo de Kiev y 3 del Lokomotiv Kiev, y
al Flakelf, un equipo de soldados nazis. Después de haber ganado 5 a 3, los integrantes
del Dynamo fueron torturados y deportados a campos de concentración. Este
partido tuvo lugar durante la Segunda Guerra Mundial. Estos jugadores habían
ganado la liga ucraniana invictos y tenían un prestigio y un orgullo que
defender. El partido se jugo en 1942 en Alemania con la presencia de Hitler en
el campo. Los jugadores ucranianos sabían las consecuencias y aun así por
amor al deporte vencieron y murieron. Sólo cuatro sobrevivieron y los demás
fueron fusilados o desaparecidos.
Estos cuatro, los sobrevivientes, se encargaron de popularizar la historia
del FC Start. Después de décadas en el olvido fueron rehabilitados a mitad de
los años 60 y declarados héroes en vida. Aún hoy su historia se enseña en los
colegios de Ucrania y en todo el mundo. Cerca del estadio hay un monumento que
recuerda la hazaña: “Para los jugadores del Dynamo Kiev, que murieron
heroicamente por el honor de su patria con la frente alta ante el invasor nazi”.
Estos son sólo unos pocos ejemplos de lo que la política ha hecho en el
futbol. Hay muchos más como algunos equipos de fútbol comunistas como
el Livorno en Italia, los equipos de fútbol de Bogotá, simbolizando
con sus colores las ideologías políticas de los dos partidos dominantes en la
época de su creación (Santa Fé, rojo como el Partido Liberal y Millonarios,
azul como el Partido Conservador) y muchos más ejemplos. Creería que se podría
escribir un libro enumerando ejemplos de influencias políticas en este deporte
aunque éstas que mencioné a mi gusto son
las pruebas más duras e impactantes. Me encantaría ver un fútbol en
donde no se compraran campeonatos ni donde se matara por un partido que se ganó
como en este escalofriante ejemplo anteriormente mencionado, sino que se jugara
por amor al deporte y a las camisetas, por orgullo como debe ser y como estoy
seguro que era el objetivo inicial de este deporte.
Por: Alejandro Cardona Rocha / @A_CardonaR




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