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miércoles, 11 de diciembre de 2013

El arte del fútbol

Desde que tengo uso de razón me ha gustado el fútbol; tanto verlo como practicarlo. Y mi papá ha sido el culpable de eso, en el buen sentido de la palabra. Pero no solo de que me guste, sino de que tenga otra forma de entenderlo.

Devolviéndome unos cuantos años, a los noventa, me parecía que el fútbol era un deporte tan honrado, tan honesto. Yo veía que los jugadores salían a la cancha y lo único que querían era jugar y ganar.


Y con esa mentalidad mi papá me levantó. Él me acompañaba a los partidos, pues hice parte de varios equipos, y siempre me criticaba la pereza para jugar, para correr, para luchar los balones. Y poco a poco me fui formando como un deportista de esos que veía en el estadio –porque también me gustaba ir al estadio, pero esa es otra historia- que corrían los noventa minutos independiente de cómo fuera el marcador.

Ahora aterricemos eso al fútbol de hoy, y vámonos directamente a Inglaterra. La tierra de jugadores como Rooney y otros cuantos por ese estilo. Allá no forman futbolistas. No. Allá forman atletas. Y de alto rendimiento. Jugadores que no les importa si el árbitro es justo o no a la hora de pitar. Allá durante la semana se esfuerzan mucho para ser titulares el fin de semana, y cada partido lo juegan como si fuera el último. Más que una final.

Eso pasa en Inglaterra, pero ¿qué pasa con nuestro amado fútbol colombiano? Aquí el asunto es diferente. Lo que importa es ser mañoso, de reclamar, de sacar ventaja como sea. Aquí a los jugadores les encanta quemar tiempo, provocar al rival, y de vez en cuando meterse a un charco y ensuciarse para que al final el técnico diga “así me gusta, que se unte de cancha”. Eso no es fútbol.

Y no lo digo por tirarle duro a nuestro fútbol profesional colombiano, sino para que los mismo jugadores recapaciten y tomen como ejemplo el de los europeos, sin centrarnos en el fútbol inglés, démonos un paso por Alemania, Francia, Portugal, y hasta el mismo España. Que los técnicos usen los vídeos de esos partidos como referencia. Así no sólo seríamos materia de exportación, sino que seríamos referencia para que hasta españoles o ingleses vengan a jugar nuestras ligas.

Qué bueno por ejemplo que las directivas de nuestro fútbol impartieran nuevas normas o leyes que castiguen a los jugadores que les gusta quemar tiempo, por ejemplo: aquéllos que se lesionan con cualquier mirada que el rival les dé, y que se retuercen en el piso como si tuvieran un cólico, pues sencillo, el árbitro le da cinco minutos para que salga y se recupere, pero debe quedarse por fuera los cinco minutos completos. Después de eso veremos cuántos siguen haciéndolo y dejando al equipo con diez jugadores.

Otra sanción por ejemplo a aquéllos defensores que levantan la mano cada vez que creen que un delantero del equipo contrario está en fuera de lugar –cosa que me saca de quicio- y pitar indirecto, como cuando un jugador pide el balón diciendo “déjemela”.

Con unas cuantas reglas así, creo que nuestro fútbol serías más limpio, ágil, rápido y honesto. Y nos evitaríamos tener a los que quieren ser “actores”. Porque el fútbol es un arte, en todo el sentido de la palabra, pero esa palabra hay que saberla entender y respetarla, para que lo que llamamos espectáculo valga por lo que es.

Con eso mis, queridos lectores, me despido, procurando dejar en ustedes una cierta duda que nos ayude a ponerle orden a esto de una vez por todas, porque si hay algo que debe respetarse es el hincha, que hace famosos a los equipos, a los jugadores, y que le dan rating a cada transmisión. Sólo pongámonos de acuerdo y seremos escuchados, por el bien de todos.

No siendo más, me despido, y que viva el fútbol, el deporte más hermoso del mundo.

Por Sebastián Parra @SebaxtianWin 

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