Desde que tengo uso de razón me ha
gustado el fútbol; tanto verlo como practicarlo. Y mi papá ha sido el culpable
de eso, en el buen sentido de la palabra. Pero no solo de que me guste, sino de
que tenga otra forma de entenderlo.
Devolviéndome unos cuantos años, a los
noventa, me parecía que el fútbol era un deporte tan honrado, tan honesto. Yo
veía que los jugadores salían a la cancha y lo único que querían era jugar y
ganar.
Y con esa mentalidad mi papá me levantó.
Él me acompañaba a los partidos, pues hice parte de varios equipos, y siempre
me criticaba la pereza para jugar, para correr, para luchar los balones. Y poco
a poco me fui formando como un deportista de esos que veía en el estadio
–porque también me gustaba ir al estadio, pero esa es otra historia- que
corrían los noventa minutos independiente de cómo fuera el marcador.
Ahora aterricemos eso al fútbol de hoy, y
vámonos directamente a Inglaterra. La tierra de jugadores como Rooney y otros
cuantos por ese estilo. Allá no forman futbolistas. No. Allá forman atletas. Y
de alto rendimiento. Jugadores que no les importa si el árbitro es justo o no a
la hora de pitar. Allá durante la semana se esfuerzan mucho para ser titulares
el fin de semana, y cada partido lo juegan como si fuera el último. Más que una
final.
Eso pasa en Inglaterra, pero ¿qué pasa
con nuestro amado fútbol colombiano? Aquí el asunto es diferente. Lo que
importa es ser mañoso, de reclamar, de sacar ventaja como sea. Aquí a los
jugadores les encanta quemar tiempo, provocar al rival, y de vez en cuando
meterse a un charco y ensuciarse para que al final el técnico diga “así me
gusta, que se unte de cancha”. Eso no es fútbol.
Y no lo digo por tirarle duro a nuestro
fútbol profesional colombiano, sino para que los mismo jugadores recapaciten y
tomen como ejemplo el de los europeos, sin centrarnos en el fútbol inglés,
démonos un paso por Alemania, Francia, Portugal, y hasta el mismo España. Que
los técnicos usen los vídeos de esos partidos como referencia. Así no sólo
seríamos materia de exportación, sino que seríamos referencia para que hasta
españoles o ingleses vengan a jugar nuestras ligas.
Qué bueno por ejemplo que las directivas
de nuestro fútbol impartieran nuevas normas o leyes que castiguen a los jugadores
que les gusta quemar tiempo, por ejemplo: aquéllos que se lesionan con
cualquier mirada que el rival les dé, y que se retuercen en el piso como si
tuvieran un cólico, pues sencillo, el árbitro le da cinco minutos para que
salga y se recupere, pero debe quedarse por fuera los cinco minutos completos.
Después de eso veremos cuántos siguen haciéndolo y dejando al equipo con diez
jugadores.
Otra sanción por ejemplo a aquéllos
defensores que levantan la mano cada vez que creen que un delantero del equipo
contrario está en fuera de lugar –cosa que me saca de quicio- y pitar
indirecto, como cuando un jugador pide el balón diciendo “déjemela”.
Con unas cuantas reglas así, creo que
nuestro fútbol serías más limpio, ágil, rápido y honesto. Y nos evitaríamos tener
a los que quieren ser “actores”. Porque el fútbol es un arte, en todo el
sentido de la palabra, pero esa palabra hay que saberla entender y respetarla,
para que lo que llamamos espectáculo valga por lo que es.
Con eso mis, queridos lectores, me despido,
procurando dejar en ustedes una cierta duda que nos ayude a ponerle orden a
esto de una vez por todas, porque si hay algo que debe respetarse es el hincha,
que hace famosos a los equipos, a los jugadores, y que le dan rating a cada
transmisión. Sólo pongámonos de acuerdo y seremos escuchados, por el bien de
todos.
No
siendo más, me despido, y que viva el fútbol, el deporte más hermoso del mundo.
Por Sebastián Parra @SebaxtianWin
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